Noticia

Volver
¿Transición o nueva dependencia? La encrucijada energética de América Latina.
  • Agro

  • ¿Transición o nueva dependencia? La encrucijada energética de América Latina.

  • Mientras el impulso al hidrógeno pierde intensidad y el gas natural vuelve al centro de la agenda regional, América Latina enfrenta una decisión estratégica: aprovechar una solución inmediata o construir una verdadera autonomía energética.

    Montevideo | | La semana pasada, durante Hyvolution Chile 2026*, me resultó difícil no percibir un cambio de clima. El hidrógeno continuaba presente en las exposiciones, en iniciativas tecnológicas concretas y en algunos proyectos que siguen avanzando. Sin embargo, Persisten esfuerzos valiosos, pero más aislados y con una capacidad todavía limitada para movilizar inversiones y transformar la matriz productiva. Tampoco parece ser solamente una percepción surgida de congresos o conversaciones sectoriales. Después de varios años de anuncios, hojas de ruta y objetivos extraordinariamente ambiciosos, La Agencia Internacional de Energía señala que La distancia entre los anuncios y las instalaciones efectivamente comprometidas sigue siendo considerable. Al mismo tiempo, Esto podría interpretarse como la corrección natural de expectativas excesivas. Toda transformación tecnológica atraviesa períodos de entusiasmo, aprendizaje y selección. El hidrógeno no ha desaparecido ni ha dejado de ser necesario para descarbonizar determinados procesos. Lo que se debilita es la idea de que bastaba anunciar grandes capacidades de producción para que aparecieran automáticamente compradores, financiamiento e infraestructura. Sin embargo, en el Cono Sur aparece simultáneamente otra señal: Argentina procura ampliar la producción, mejorar su infraestructura interna, consolidar mercados vecinos y desarrollar capacidades de exportación. En 2024 sus exportaciones de combustibles y energía crecieron un 22,3 %, y Chile fue el principal destino, con US$ 2.844 millones. El propio gobierno argentino presenta esta estrategia como una oportunidad para consolidar un mercado regional apoyado en Vaca Muerta, infraestructura de transporte y nuevas inversiones privadas. para sustituir combustibles líquidos más caros, respaldar el sistema eléctrico y atender consumos industriales. Nada de esto es necesariamente inconveniente. El gas argentino puede reducir costos, desplazar derivados del petróleo más caros y contaminantes, mejorar la seguridad de abastecimiento y fortalecer la integración regional. Sería un error analizarlo exclusivamente desde una posición defensiva o ideológica. La pregunta relevante es otra: Las infraestructuras nunca son neutrales. Un gasoducto, una central térmica o una gran instalación de procesamiento no solamente resuelven una necesidad presente. También crean compromisos financieros, intereses económicos y decisiones operativas que condicionan el futuro. Cuanto mayor es la inversión, mayor es la presión posterior para prolongar su utilización. El beneficio inmediato puede transformarse en dependencia de trayectoria. Después de la invasión rusa a Ucrania, Europa tuvo que priorizar su seguridad de abastecimiento, diversificar proveedores y ampliar rápidamente sus compras de gas natural licuado. La Unión Europea no abandonó la transición: mantiene objetivos renovables, instrumentos para el hidrógeno y políticas de descarbonización industrial. Pero Muchas hojas de ruta latinoamericanas fueron construidas suponiendo que Europa importaría rápidamente grandes cantidades de hidrógeno renovable y derivados, y que esa demanda habilitaría contratos, financiamiento y economías de escala. Cuando los compradores no aceptaron las primas necesarias y las decisiones se demoraron, quedaron expuestas las debilidades de estrategias excesivamente dependientes de la exportación. Durante 2025 eliminó barreras regulatorias para proyectos de exportación de GNL y autorizó o reautorizó volúmenes significativos. Su Departamento de Energía utiliza abiertamente la expresión para describir esta orientación. La cercanía política del gobierno de Javier Milei con Estados Unidos forma parte del contexto, pero sería apresurado concluir que existe una estrategia coordinada para desplazar al hidrógeno en América Latina. Tampoco es necesario probarla para reconocer el riesgo. Los países exportadores buscan mercados; los propietarios de infraestructura procuran conservar el valor de sus activos; Europa necesita seguridad y energía competitiva; Argentina busca inversión y divisas; y los países vecinos encuentran una solución inmediata. Esa convergencia puede desplazar capital y atención política hacia la infraestructura conocida, aun sin coordinación explícita. Existe también : yacimientos, refinerías, centrales, ductos y puertos. Incluso cuando pensamos en hidrógeno, solemos reproducir ese modelo mediante megaproyectos destinados a exportar moléculas a miles de kilómetros. Pero la transición no exige sustituir cada combustible por hidrógeno. Las baterías, la gestión de demanda, las interconexiones y otras formas de almacenamiento pueden resolver buena parte de la variabilidad de corto plazo. ; cuando un proceso necesita una molécula; cuando debe sustituirse hidrógeno fósil; cuando se requiere almacenar energía durante períodos prolongados; o cuando la resiliencia justifica disponer de una reserva energética propia. Tampoco todo desarrollo necesita comenzar con plantas gigantes y nuevas redes de transporte. En determinados casos, el hidrógeno puede producirse cerca del consumo y crecer modularmente con la demanda. Esto no elimina las economías de escala. Obliga, en cambio, a considerar el transporte evitado, la sustitución de combustibles caros, la continuidad operativa, la exposición cambiaria y las capacidades que permanecen en el territorio. generación, almacenamiento, redes, sistemas de control y equipos de conversión. el valor, el conocimiento y las decisiones que permanecen en el país. No todo activo será reconvertible, pero tampoco debería descartarse sin estudiarlo. La minería puede ofrecer, a su vez, demandas reales y localizadas capaces de viabilizar generación renovable, microredes, baterías e hidrógeno en territorios alejados. Si se planifican adecuadamente, esas inversiones podrían beneficiar también a comunidades y actividades cercanas. y qué estructura económica construye alrededor de él. El gas puede sustituir combustibles líquidos, reducir costos y respaldar sistemas renovables. Pero debería incorporarse evitando la sobredimensión y el bloqueo de alternativas futuras. La desaceleración del hidrógeno tampoco debería conducirnos a abandonar su construcción. Debería llevarnos a En ediciones anteriores de SOIL reflexionamos sobre cómo un sistema aparentemente eficiente puede ser frágil cuando depende de pocos proveedores, grandes infraestructuras o cadenas logísticas extensas. El renovado protagonismo del gas vuelve especialmente actual aquella pregunta. Las transiciones no se producen solamente cuando aparece una tecnología competitiva. El gas puede ayudarnos a transitar la próxima etapa. Pero no debería hacernos olvidar que América Latina posee los recursos para algo más ambicioso: construir una plataforma energética, industrial y tecnológica propia, capaz de transformar abundancia natural en autonomía, resiliencia y desarrollo. Esta reflexión nace de lo que he observado durante los últimos meses en distintos espacios de intercambio regional, pero no pretende cerrar el debate. Por el contrario, me interesa conocer cómo se está percibiendo este cambio en otros países, instituciones y sectores. ¿Estamos aprovechando el gas como una herramienta para avanzar hacia una economía energética diferente o estamos comenzando a construir una nueva dependencia? (*) Hyvolution Chile 2026: IEA — Global Hydrogen Review 2026: IEA — Global Hydrogen Review 2025: Comisión Europea — REPowerEU: Departamento de Energía de EE. UU. — Oil and natural gas production: Argentina — Integración gasífera con Brasil: Argentina — Balanza energética 2024: Pablo Díaz Gómez de Enterría, sus análisis se pueden seguir en

  • Sep 7, 2026

  • todoelcampo.com.uy